De pesca con Hemingway

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De pesca con Hemingway

De pesca con Hemingway

Fiesta, realidad o ficción

El relato más aproximado a la realidad de lo que pudo haber ocurrido en la primera pesquería de Hemingway en el río Irati se encuentra en la novela The Sun Also Rise, publicada en español con el título Fiesta.

Algunos analistas de la obra que han recorrido esa región, como el norteamericano Douglas E. Laprade, han comprobado que el escenario descrito se ajusta con toda fidelidad a las características reales del valle del Irati. Incluso destacan que existe la fuente, más conocida como fuente Atxura por la gente de la localidad, donde uno de los personajes pone a enfriar dos botellas de vino.

En Fiesta, Hemingway describe como se lanzan las truchas por la cascada que forma el agua al rebasar el dique de troncos. Para pescar en este sitio, Jack,el personaje protagonista, lastra la línea con una buena plomada y usa como carnada las lombrices que recogió cerca del hostal, cavando en la orilla del río, las que guardó en dos latas de tabaco. Con este procedimiento logra la captura de seis truchas, las cuales conserva en la consabida cesta, entre las siempre recomendables hojas de helecho. El autor, con atenta mirada crítica, revela que la mayor de las piezas de Jack tiene el tamaño de la más pequeña de las cuatro logradas por Bill, el otro personaje que participa en la escena de pesca, quien pescó con mosca artificial.

Fiel a su compromiso literario, Hemingway es capaz de retener bastante información acerca de la pesca en los Pirineos, sin caer en la tentación de forzar el tema dentro de la novela. Se ha perdido el tiempo tratando de hallar alguna referencia a cierta trucha de notable talla, de cuya existencia en el río le habría dado noticias un lugareño de Burguete. Se trataba de un ejemplar de alrededor de 16 libras y, al parecer, él trató de pescarla, pues luego contó que aquel “maldito pez” había estado a punto de arrancarle la vara de las manos.

En definitiva, otro cuento de pescadores.

De pesca por Navarra

Hemingway y pescaPor otra parte, ninguna otra fuente ofrece una relación completa de la cantidad de truchas que se cobraron en el Irati ni de su talla.

Referencias aisladas en algunas de sus cartas indican que él y Hadley cobraron siete piezas en una charca, en tanto la mujer sola logró seis en una de las represas. El dato, por supuesto, hace pensar en el origen biográfico de la pesquería de “Jack“, a quien en la novela se atribuye el mismo número de truchas en similares circunstancias a las anotadas.

Entonces si damos a Ernest el lugar de “Bill“, tenemos que él debió lograr cuatro capturas pescando a la mosca, todas mayores que las de su esposa. Eso, un día, cierto día, de la mañana que pasaron en Burguete durante el verano de 1924. De todas maneras, buenos resultados, los suficientes para mantener a Hemingway vibrante de entusiasmo por el río Irati en el transcurso de todo un año. Ya en el mes de noviembre hace planes para el retorno a España en el siguiente verano. Quería, incluso, ahorrarse la excesiva caminata de cada día, acampado cerca del río durante todo el período de la pesca, como hacían cuando eran muchachos durante los veranos del alto Michigan.

En junio de 1925, días antes de que comenzar en Pamplona la feria de San Fermín, Hemingway se encontraba ya en Burguete. Además de su esposa, había arrastrado a la aventura a Bill Smith y a Dan Stewart.

Le había escrito también a Howell Jenkins, encareciéndole la talla de las truchas y la virginidad de los bosques navarros, pero al parecer el antiguo pescador, que antes no tuvo reparos en seguirlo al Black River, no tuvo esa vez oportunidad para viajar a España.

Hemingway, de pescar a penar

Entusiasmo, exaltación, expectativa. Qué amante de la pesca no conoce esos extraordinarios sentimientos que le acompañan cuando están en camino de retorno a sus lugares de pesquería más distantes, menos accesibles e inevitablemente más abundantes de peces. Ese estado de encantamiento dura en el viaje desde París hasta la entrada a Burguete, pero apenas ponen los pies en la entrada del hostal los propietarios les informan que las represas del Txangoa y el Itolaz han sido destruidas.

Desastre, los bosques que nunca habían visto un hacha fueron arrasados en las riberas y hasta los troncos que formaban los diques rodaron torrente abajo hacia el río. Hemingway presencia los daños como quien recibe una ofensa personal; correrán los meses y todavía dirá a sus amigos de su desconsuelo a causa de las truchas que a su modo de entender habían sido asesinadas.

Regresan a Pamplona el 2 de julio para asistir a los sanfermines.

Durante cuatro días habían tratado de pescar en el Irati y sus afluentes sin lograr capturas que les levantara los ánimos. La pesca con mosca era poco menos que imposible en los charcos llenos de desechos de tala y hojarasca, pero tampoco con lombrices y saltamontes les fue mejor. Los peces, probablemente, habían tenido que huir río abajo, a refugiarse en distantes remansos, lejos de la laboriosidad destructora de los leñadores.

A Hemingway le habría gustado saber que los árboles crecieron nuevamente y que el Irati sigue siendo un buen sitio de pesca en estos días. Él no volvió a pescar en Navarra, pero guardó sus mejores recuerdos del río pirineo para las páginas de The Sun Also Rise, que sus editores de Scribner’s Sons publicaron en octubre de 1926. Unos meses después de la publicación de la novela, Hemingway se divorció de Hadley Richardson para casarse con Pauline Pfeiffer, una heredera de Arkansas que vivía en París como escritora de una famosa revista de modas. Habían intimado mientras esquiaban en Schruns, Austria.

Ernest Hemingway

Hemingway estaba de vuelta

Recién casados aun, andaban por tierras de Galicia durante el verano de 1927. Hemingway, al parecer, había decidido cambiar de escenarios con la nueva esposa y en el mes de agosto exploraba la región donde cuatro años antes había dicho a sus lectores que existía “probablemente” la mejor pesca de truchas en Europa. La mayor parte del tiempo, Ernest y Pauline hicieron estancias en ciudades como Santiago de Compostela, La Coruña y Vigo, pero asimismo visitaron pequeños pueblos, como Noya, Corcubión y Pontevedra, o aldeas como Puerto de Moro, desde las cuales se acercaban al río Tambre o al Ulla, o a los arroyos de las montañas del noroeste español. Hemingway no pertenecía al tipo de pescador que espera cobrar una extraordinaria cantidad de peces, sino más bien ejemplares de talla, y de algunas de sus expresiones se deduce que en Galicia capturó piezas de peso muy satisfactorios, tal vez las mayores logradas por él en España.

Las truchas gallegas eran en aquella época implacablemente perseguidas por los furtivos, quienes no dudaban en emplear la dinamita, el arpón o la red en sus depredaciones. Hemingway se percató que, a causa de ello, los peces eran bastante ariscos, aun con esas se las ingenió para tentarlas y acertó. Ernest y Pauline todavía pudieron retornar a Galicia en agosto de 1929 y otra vez en el mismo mes de 1931.

Hemingway se despide de España

En ese último año, por el mes de junio, Hemingway pasó por Castilla la Vieja antes de ir a su encuentro con Galicia. Durante una breve estancia en el poblado de Barco de Ávila, aprovechando los excelentes precios de alojamiento y buena comida del lugar, Hemingway fue de pesca a los arroyos de la sierra de Gredos y allí también captura buenas truchas. Luego lo recordaría en un breve pasaje de Por Quien Doblan Las Campanas, la novela escrita a partir de sus experiencias en la Guerra Civil Española, entre 1937 y 1938.

Enerst Hemingway

La residencia europea de Ernest Hemingway duró formalmente algo más de seis años. Volvió muchas veces, en ocasiones por períodos bastantes largos, pero a partir de su matrimonio con Pauline Pfeiffer y de estrechar vínculos con la casa editorial de Charles Scribners, su retorno a Estados Unidos fue un hecho.

Otras aguas y otros peces le esperaban para entrar en sus páginas.

By | 2015-04-23T08:00:49+00:00 abril 23rd, 2015|Revista "El Andarríos", Viajes|0 Comments

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Empresario, pescador y cocinero desde hace 40 años, en su experiencia profesional ha "metido" por medio a la pesca siempre que ha podido. Enamorado del campo y de los ríos, no pierde una oportunidad de pasear por la rivera de cualquier río castellano o de cualquier fogón manchego o asturiano.

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