Macabies en las Salinas

Macabies en las Salinas

Macabies en las Salinas

Ismael León Almeida (flysmael@gmail.com), La Habana, 2014.

Autor de Técnicas y peces del aficionado cubano.

Las Salinas de Brito

Alguien apellidado Brito labró la roca a golpes de barreta y construyó estanques para fabricar sal en un sitio perdido de la Ciénaga de Zapata. Olvidaron las gentes si aquel sufrió hambre, sed, soles inclementes, plagas sanguinarias. Pudo enriquecer o apenas sobrevivir, o quién sabe si abandonó todo, derrotado por la soledad y la picada de los jejenes. Al cabo, la victoria de su empecinamiento dejó un toponímico, Las Salinas de Brito.

Por alcanzar el sitio consume el jeep un terraplén rectilíneo, aguja que se clava en el gran humedal del sur de Cuba. Bosque y lagunas, lado a lado, se abalanzan al parabrisas en el trayecto de 21 kilómetros que comienza en el poblado de Playa Larga, centro administrativo de esta región al sureste de La Habana.

Cuando el arbolado espeso cede terreno al mangle ralo y a los espacios acuosos sobre el lecho de roca, se dejan ver también las aves acuáticas, el flamenco de alas rosadas que levanta vuelo para que el sol le dore más aun el plumaje. Bandadas de zarapicos ponen un piar desapacible sobre el lodo de las orillas. Levantan vuelo la sebiya, el coco.

A golpes pausados de palanca, que apartan callado el bote de la tierra floja y rezumante, se va entrando al día y a la planicie de cristal a la que distantes líneas de un denso color vegetal y unos brotes aislados sobre la lámina de agua apenas logran enmarcar. Silencio, gaviotas en su aparatoso desayuno de manjúas, el sol que comienza a levantarse… Las aguas abiertas del mar Caribe distan ocho kilómetros y ya todo es marisma en torno. Y se suceden como nuevas páginas de un libro las lagunas de apenas un pie de profundidad en toda su extensión, los renombrados flats donde los peces rondan. Con solo este paisaje bastaría para el viaje.

Pero hay más.

 

La pesca en la Salinas

Los pobladores de las Salinas de Brito

Con el sol de las nueve ya todo es agua en torno. Se navega con pausa a través del estero del Borracho y forzando una breve corriente en el paso, pasa el casco breve a la laguna de Estero Ciego, luego sale por el estero de Las Piedras a la laguna de Brito. Es una fiesta de nombres que el guía recita y el que es guiado trata de retener, joya de la memoria desde entonces, después que cada sitio adquiera su exacto sentido llenándose de paisaje, vivencia, efluvios que solo el monte, los lodos y toda esa vida ancestral traen.

Mucha mojarra viaja en la corriente bajo el bote; peces pequeños y plateados que crecerán para enriquecer la cadena alimenticia de las marismas. Al cruzar un estrecho paso entre dos barras emergidas y pobladas de mangle, se descubre una poza y a las cuberetas que salen tras el señuelo cazando lo que creen alimento. De vez en cuando aparece una barracuda, que puede tener ocho libras o puede tener doce; merodean tiburones pequeños y luego uno mayor, que cautelosamente es evadido. “Tomaría dos horas arrimarlo”, dice el guía. Una mancha de jureles adultos va de camino, pidiendo a gritos que alguien los pesque, pero han medido muy bien la distancia desde la embarcación para su paso. Misterio, hemos pasado un “sucio de macabíes”.

La pesca en la Salinas

El area de pesca de las Salinas

Todo esto es el área de pesca Las Salinas, en el Parque Nacional Ciénaga de Zapata. Se estima en 100 kilómetros cuadrados el espejo de superficie de marismas preservado para la pesca del macabí, cuya zona de uso turístico ha sido subdividido en una docena de áreas enumeradas para controlar su explotación y alternarlas en el programa de pesquerías. Paisaje sorprendente, cuyos valores exceden la emotividad de la pesca pero en lo que a esta se refiere destaca la diversidad de escenarios, conformados por barras de arena, manglares inundados y lagunas bajas con fondos rocosos, arenosos o fangosos, y sus infinitas combinaciones, que crean toda una variedad de opciones para la vida de la fauna acuática.

Uno no sabe qué va a encontrarse en la próxima laguna. El siguiente “sucio” tenía marcadas claramente las horadaciones que el pez deja en el fondo donde revolvió el cieno para sacar el molusco de su concha, el crustáceo que muy tarde trata de esconderse. Un nuevo cruce de aguas, el guía clava la palanca en el fondo y corta el crudo reflejo solar sobre la superficie con la mirada fija tras los cristales polarizados.

Pescando con guia en las Salinas

“Prepárese”, tal vez dirá. Los ojos se clavan hasta donde le alcanzan sin hallar silueta de pez en donde asir la pupila. ¡Qué va a existir en ese desierto de azogue! Insiste el hombre, firme la palanca, y sin gota de brisa sube el calor bajo las mangas de la camisa; a doscientos, ¿quinientos metros? Puede que el agua destelle, quien sabe si por un hilo de brisa que parte entre una hilerita de mangles.

El guía: “Saque línea. La mosca en la mano”. Y avanzando todavía muy lejos, una uve como punta de flecha rizada viene partiendo el espejo directo al único lugar por donde esta laguna da salida, que el paciente guía conoce, claro.

En un pliego con manchas de humedad, guardado en un desorden de papeles muy bien recordado, hay una declaración casi notarial, trazada a bolígrafo a contrapelo del rayado escolar: “A las 9:52 de la mañana de este lunes 27 de octubre de 2003 cobro mi primer macabí a mosca y tiene casi 3 libras”. A cualquiera le daría orgullo asegurar que se trata del pez que venía en la vanguardia de aquella “V” mayúscula, avanzando con el llenante de marea, humedal adentro. Pero tendrá que ocurrir unos lances más tarde, apenas después de enredar la cola de rata, enganchar la mosca en un brote de mangle, espantar a toda la mancha de peces con tiro adelante que nadie certificará como un “forward cast” y no precisamente por limpieza del hablar castellano, sino por el estruendo de su caída sobre el cardumen asustado.

Así, luego de unos seis intentos sobre otros tantos peces, un macabí finalmente toma la pequeña Crazzie Charlie y allá va con un centenar de metros de backing, centenar y medio… ¿más? Largo pelea y no deja pasar un par de piedras para engancharse a ellas. Antes de comprender lo sucedido, constata el pescador con desasosiego que la línea está siendo arrastrada en una dirección, mientras que el pez revuelve el agua en otra completamente diferente, en un desvío que tenía que ser la más maligna de las intenciones. “Tiene que levantar la caña”, se escuchó una voz paciente, de uno que palanqueaba para llevar el bote hasta los sitios donde había que liberar la línea.

La pesca en la Salinas

Cuando ya no hubo obstáculos entre el puntero de la caña y el anzuelo camuflado en lo que quedaba de la mosca, el macabí pareció recordar del todo cuál era su papel en Las Salinas y tomó el impulso que precisamente a ellos les da fama, hasta que fue convencido con un poco de determinación para que fijara su límite del lado apropiado de un joven mangle que crece allí en aquellas someras aguas. Contenido en aquel despejado, se le dejó hacer para no agotarle, trayéndole con gentileza después que tomó su tiempo en una vuelta completa, para quitarle con suavidad el anzuelo desbarbado.

A las 10:39 picó uno de dos y media libras y a las 12:19 el grande del día: uno de 4 1/2 libras que será record hasta otra vez. Estuvo unos 15 minutos en la línea y sacó backing hasta verse delgado el enrollado en torno eje del carrete, ya saben ustedes lo que cuesta devolver a la bobina todo lo que había arrastrado el obstinado pez. Dice el guía que aquello allí se llamaba Bajo de Los Cocos, pero ha pasado un poco de tiempo desde entonces y podría haber sido en el estero de Las Piedras, que es donde se sacó otro de dos y media libras, o quien sabe si en la misma Laguna de Longino, donde dos amigos míos cobraron seis macabíes en 37 minutos, cerca del mediodía.

Puede que en un buen día el pescador alcance unas treinta oportunidades más o menos de lanzarle a un pez con efectividad y que en una docena de ocasiones el macabí tome la mosca y se lance en su carrera. Es una impresión, no un dato estadístico. Alguno ha sido feliz con el solitario macabí que en una jornada de competencia tomó la mosca lanzada a ciegas hacia un desnivel del fondo, bajo el agua revuelta de un día de viento. Las Salinas es un paisaje privilegiado, un maravilloso mundo aparte, un sitio donde todo lo demás parece rutina. Despertar allí a los colores del amanecer, mientras los pájaros toman directo del agua su desayuno será un recuerdo para todo el resto del año.

By | 2017-11-02T14:06:03+00:00 marzo 26th, 2015|Lugares de pesca, Revista "El Andarríos"|0 Comments

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