Hablando de los streamers

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Hablando sobre los "estrimeres"Hablando de los streamers

Hablando sobre los “estrimeres” he de decir que nunca le tuve afición a esos pequeños plumeros, es más, siempre pensé que se trataba de chismes que funcionaban para las truchas yankis y no para nuestras hermosas truchas hispanas. Pero está visto que si los usan allí es porque funcionan.

Por trabajo he tenido que ir unas pocas veces a Argentina y siempre que se me ha presentado la ocasión me he cogido un avión desde Buenos Aires y he bajado a pescar en Neuquén o en Rio Negro. El año pasado fui en noviembre y estaba lloviendo mucho. Ni soñar en poner una ninfa o una mosca; así que para no desaprovechar el viaje enganche un estrimer que compré en una tienda de Aluminé.

El equipo era completamente inadecuado para pescar, los ríos bajaban como el puto mar, pero andando y andando encontré una zona en el rio Pulmarí a la que me podía acercar y que no tenía un agua excesivamente brava. Ahí me puse a darle con inusitado denuedo al plumero, y al cabo de un rato sentí un tirón brutal (Expresión muy manida pero no encuentro otra mejor), justo cuando el estrimer comenzaba a hacer la curva arrastrado por el agua. En ese momento que recuperas la tensión de la línea y el aparato empieza a navegar con elegancia.

Evidentemente en esas condiciones de agua, solamente entraban truchotes de mas de un kilo de peso. Hermosas arcoiris que hacían cantar el carrete apoyadas en la fuerza de la corriente.

Mi primera experiencia se saldó con cuatro arcoiris de a kilo, muy peleonas y con las formas perfectas. Así me pase unos días feliz pescando. Hablando sobre los "estrimeres"Volví a España y los estrimeres quedaron en sus cajas hasta que un día me acerque con unos amigos al río Cabriel en Cuenca, al TLSM de Boniches.

Es un río pequeño, pero que bajaba por los prados y de color chocolate ese día. Decepción generalizada después de 250 kilómetros de viaje. Mis amigos trataron de buscar algún sitio donde comer el taco y yo me quedé en un corrientón….., y me decidí a ponerle un plumero. Evidentemente como casi todas las historias que se cuentan en las web la mía acabó de forma excelente.

En la mañana y sin moverme mas de 200 metros saqué ocho preciosas truchas de entre 20 y 30 centímetros todas a un wooly bugger verde y naranja. Todas en el mismo momento que las argentinas, justo cuando después de lanzar perpendicular, la línea arrastrada por la corriente, arrastraba a su vez al plumero. Y no había problema de lo grande del wooly buger, las pequeñas lo embocaban con igual ferocidad que las más terciadas de tamaño.

¿Selectivas?, pues si, porque cuando perdí el ultimo enganchado en las ramas de la orilla contraria, dejaron de picar a otros colores que llevaba. Desde ese día cuando la cosa está complicada pruebo con distintos plumeros.

En otra ocasión os cuento otra sobre los wooly buger en Burgos

By | 2011-06-07T15:19:46+00:00 junio 7th, 2011|Revista "El Andarríos", Técnica|0 Comments

About the Author:

Empresario, pescador y cocinero desde hace 40 años, en su experiencia profesional ha "metido" por medio a la pesca siempre que ha podido. Enamorado del campo y de los ríos, no pierde una oportunidad de pasear por la rivera de cualquier río castellano o de cualquier fogón manchego o asturiano.

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